jueves, 22 de octubre de 2009

el entierro del espejo


Una vez más Puerto Rico suena en los medios – tanto del patio como internacionales – por tener un secretario de educación que elimina obras literarias seminales del currículo de las escuelas públicas. Hablamos de “Aura”, de Carlos Fuentes, la “Antología Personal de José Luis González”, la antología “Reunión de Espejos”, que recoje textos importantes de autores boricuas, y “El entierro de Cortijo” de Rodríguez Juliá. La razón que Carlos Chardón, el secretario de educación, ofreció al pueblo fue la calidad del lenguaje de estas obras, calificándola de “burda, soez y no apta para estudiantes de la superior”. Fortuño, por supuesto, justificó la decisión.

Me atrevo a decir que no fui el único que releyó esta noticia atónito y en estado de shock. Para un incisivo y acertado análisis sobre esta abominable censura por parte de las autoridades puertorriqueñas, les recomiendo el artículo publicado por Jossiana Arroyo [http://www.claridadpuertorico.com/content.html?news=C435C445304856266F8CFAA2390A59A7].

Personalmente pienso que tratar de razonar con fanáticos como Chardón y Fortuño es un ejercicio en la futilidad, un despilfarro de energía y, en últimas instancias, absolutamente inútil. No me cabe la menor duda de que Chardón tiene otras razones más peligrosas y preocupantes que las que dio en público. Y como la versión oficial es un artificio, el debate lo perdimos antes de empezarlo. Jamás reconocerán el error porque necesitan perpetuar el error.

Antes que nada, recordemos que si no me equivoco, esta censura no aplica a los colegios privados de la isla. Es en esos colegios donde estudian los hijos y la progenie de Fortuño, Chardón, Rivera Schatz y el resto de trogloditas que componen la actual administración. La realidad del caso es que es una decisión tomada y ejecutada en contra de las clases bajas cuya única opción educativa es el sistema de instrucción pública. La clase media, en su mayoría, y prácticamente toda la prosapia de la clase alta no se verá afectada por esta decisión. Me parece que esto queda requeteclaro, aunque no sé por qué no se ha reseñado en los medios.

El segundo punto que quiero hacer responde a un axioma del periodismo investigativo: follow the money. ¿Quién se beneficia monetariamente por esta decisión? El otro día conocí al director de la oficina local (de PR) de la editorial escolar más grande de los Estados Unidos. Previo a esa posición, fungió de ayudante a otro ignominioso secretario de educación, Víctor Fajardo, reo número nomeimporta. Los negociazos que gestiona con el DE son millonarios, por supuesto.

Todo este panorama de censuras, más lo poco que conozco de la industria de textos escolares, me hacen pensar que a tomates no huele. Si uno se pone a pensar en el vasto y prolífico intercambio de ejecutivos y funcionarios que nutren esta industria multimillonaria de textos escolares – la espina económica de la industria editorial en general – no queda más remedio que sentir la piel encogerse ante el escalofriante hecho de que la educación de nuestras futuras generaciones está determinada por otras consideraciones que no son la calidad de la educación y su efectividad.

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